
Sé que el solo leer el título de este artículo se puede tener una concepción que llama la atención. En muchos lugares hay interminables discusiones acerca de si los diezmos están vigentes o no. Lejos de entrar en ese tipo de polémicas he tenido el sentir de escribir lo que he venido aprendiendo en mi vida.
Para el Pueblo Judío había una ley que debía ser cumplida SÍ O SÍ. Los Rabinos reconocen un total de 613 mandamientos en la Ley. Si alguien deja de cumplir uno entraría a no cumplirla toda.
Jesucristo mismo diezmaba, ya que Él vino a cumplir la Ley y vivió y murió bajo la Ley (Hebreos 9:15-17; Gálatas 4:4). Cuando Jesucristo muere y resucita se valida lo que se conoce como el Pacto RENOVADO. Al pasar esto vemos que Nuestro Señor lo dio TODO, incluso su vida entera por amor a la humanidad. Por amor a ti.
Ser cristiano significa ser un imitador de Cristo. Así que partiendo de esa base, ¿no deberíamos nosotros imitarlo a Él en no conformarnos con “cumplir la ley de darle el diez por ciento a Dios” sino darle al Señor más que eso? O es que ¿No se merece Dios TODO de nuestra parte teniendo en cuenta lo que Él en su misericordia y amor ha hecho por nosotros?
Hoy en día vemos por doquier una tacañería de dimensiones enormes debido a que como Iglesia nos hemos encasillado en fomentar una cultura de dar por obligación y no por amor y con generosidad. La iglesia primitiva daba en abundancia porque aprendieron que es mejor dar que recibir y ponían en práctica el amor a Dios y el amor fraternal, al prójimo. Ellos daban con mucha generosidad para suplir las necesidades de los que vivian a tiempo completo sirviéndole al Señor (Filipenses 4:10-20) y para suplir las necesidades del Pueblo Santo que atravesaban por crisis económicas (Romanos 15: 26). Su generosidad llegaba al punto que muchos vendían TODO lo que tenían para dárselo a Dios.
Te invito a que medites en esto. Mira que allá afuera hay personas que en estos momentos dedican sus vidas a llevar las buenas nuevas a territorios en lo que nunca has pensado pisar y a los que quizás nunca llegues a ir. Estas personas desarrollan una labor de inmenso valor y aún así viven en situaciones precarias y difíciles. ¿Es esto justo? ¿Es que acaso no merecen estar en el grupo de gente mejor vestidas y con mejor estilo de vida de acuerdo a la Misión que desempeñan?
Muchas de estas personas que le sirven a Dios tienen familia y obligaciones por cubrir y nosotros como Cuerpo de Cristo deberíamos ser conscientes de ello y ser de bendición para sus vidas. (1 Corintios 9: 5-6).
¿Y qué decir de las viudas, los huérfanos, los pobres, los que no tiene que vestir ni comer?... Alaba a Dios porque tus necesidades básicas bien, regular o mal están siendo suplidas pero ¿qué pasa con aquellos que mueren de hambre y frío y que de acuerdo a los que Dios te ha bendecido puedes ayudar? Aclaro, no hablo de montar una fábrica de parásitos del evangelio, hablo de tender una mano al necesitado, llevarlo al Camino y enseñarle a encontrar soluciones en Dios para su vida.
Hay que romper paradigmas y enderezar la vereda que como Iglesia hemos torcido. Regresar a las raíces y aprender a dar es una meta no menos importante para nosotros como cristianos.
Te dejo con las sabias palabras inspiradas por el Espíritu Santo al Apóstol Pablo en 2 Corintios 9:6-15:
Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra; como está escrito:
“Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre”. Y el que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que seáis ricos en todo para toda generosidad, la cual produce, por medio de nosotros, acción de gracias a Dios, porque la entrega de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios. Ellos, por la experiencia de este servicio glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la generosidad de vuestra contribución para ellos y para todos. De igual modo, en su oración a favor de vosotros, os aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su don inefable!

Excelente, personas como tu es que Cristo anda buscando, gracias por tus aportes y por recordarme que es mejor dar que recibir. Que Dios te bendiga y derrame sobre ti Sus bendiciones.
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